Fue hace mucho atrás, casi recién llegando a
Indonesia…me encontraba sentada en un piso de piedra negra frio. Con las
piernas cruzadas, mis manos seguían paso a paso el ritual conjunto para abrir
los “chacras”. Estaba con un grupo de creyentes hindú en un templo en Bandung,
a nuestro ritual de movimiento sincronizado de las manos le acompañaba el canto
de mantras en sanscrito.
Tenía arroz crudo pegado en las cienes que me
había sido colocado por el “gran gurú” del lugar. Un simpático anciano de larga
túnica y pañuelo en la cabeza blancos. Lanzábamos flores como parte de nuestro
ritual y estas parecían llover simpáticamente como una sutil danza con los
finos humos emitidos por los inciensos que cada participante colocaba frente
suyo.
Comenzaba a atardecer, el cielo comenzaba a
pintarse de rojo y anaranjado. Dos guardianes de piedra se encontraban a la
puerta de aquel templo clásico balines. Los guardianes eran dos estatuas de
leones de dientes afilados y faldas
color negro y blanco.
Creí que me encontraba lo suficientemente
concentrada cuando de pronto un sonido hiso que abriera mis ojos bruscamente.
Eran los repliques de las campanas de una iglesia…uno tras otro casi como si me
llamaran. Era domingo y las campanas llamaban a misa; en cada replique mis
movimientos de pronto se paraban, me aturdían…hacían que perdiera la
concentración…
Mis ojos se dirigieron a la torre frente mío,
sin darme cuenta cada movimiento del ritual que estaba realizando, cada parte
del templo, cada estatua, flor e incienso se convertían en verdugos que me
gritaban: “traicionera!”…
Comencé a preguntarme si estaba haciendo lo
correcto…Me preguntaba si en realidad estaba acercándome o alejándome de Dios…¿es
que acaso traicionaba los muchos años de dedicación católica de mis padres,
profesores y monjas de la escuela donde estudie?....¿Acaso estaba en el camino
correcto?...Comencé a preguntarme si acaso existía “un camino”...Y comencé a
dudar, de pronto mis movimientos se detenían y mi mente siguió cuestionando…¿es
que acaso debería abandonarlo todo? …¿y qué pasa si nada de esto era lo
correcto?...nada, nada…nada…
Agobiada por el “pecado” de mi traición, desesperada
me pare bruscamente y salí corriendo del templo como si fuera una fugitiva,
cruce la calle angosta y me dirigí corriendo a la iglesia de las campanadas.
Entre rápidamente pidiendo perdón y me arrodille en el altar aun agitada para rezar
por perdón y misericordia.
De pronto la risa de un niño interrumpió mis
oraciones, abrí los ojos y me di cuenta que el niño me apuntaba aunque su madre
intentaba callarlo…me di cuenta como la historia del rey desnudo que aun
llevaba las túnicas hindús y el arroz en las cienes mientras todo el resto de
personas vestían sus mejores galas como lo hacen los católicos en Indonesia, también
que había interrumpido la misa para arrodillarme en el altar bruscamente….todos
murmuraban…
Por primera vez en mi vida me di cuenta que
hasta el momento había corrido en mi vida sin pararme a pensar, sin detenerme
por un segundo a pensar si actuaba automáticamente o no. Quizás la vida se reía
de mi.
En un mundo tan pequeño pareciera que los
humanos hiciéramos cosas diferentes según nuestra cultura, circunstancia o
credo religioso pero la verdad al final somos tan iguales…amamos, formamos familias, procreamos,
construimos, somos ambiciosos, sufrimos, lloramos y finalmente morimos bajo un
rito o sin él, con gente a nuestro alrededor o solos en un campo de
batalla…..
Recibimos información de todo lado, de los que nos aman cuando somos
niños, de nuestro ambiente, de los credos religiosos, de los que nos enseñan
ritos, teologías y caminos de salvación, de los amigos, de la sociedad….escuchamos tanto de fuera que
olvidamos escuchar de adentro…olvidamos preguntarnos, corriendo por la vida de un templo al otro, de un
problema al otro, de una circunstancia a la otra, de un trabajo al otro, ni por
un momento nos paramos como si detuviéramos el tiempo…para comenzar a vivir…
Y aunque creemos que solo somos animales
racionales, ambiciosos e imperfectos, olvidamos por un momento que somos más de lo que asumimos; y que este mundo y el
universo es mucho más de lo que aparenta…y que la “realidad” puede ser
cuestionada.
La verdad es que lo olvidamos porque nos
confundimos, crecemos en miedos, pensando que solo cuanto nos cuentan o vemos
es real. Si nos hieren acabamos desconfiando de todos y crecemos atemorizados
siguiendo un sistema rígido impuesto por años, corriendo de un placer temporal al otro, corriendo de
una pena a la otra, creyendo que sabemos quiénes somos…pero somos más que eso.
Con el tiempo descubrí que no era la religión hindú
ni la católica ni ninguna otra la que definitivamente me acercaría a Dios, eran
solo herramientas pero que debía conocerlas, al conocerlas profundamente podría
entender la filosofía de vida y de cada forma de ver a Dios, algo me movía
internamente a seguir indagando en ellas y en cada lección aprendí a
cuestionarme….después de un tiempo aprendí que Dios está en todo, su amor es tan fuerte y
generoso que pareciera que escuchara cada pregunta, cada lamento…cada duda….aunque
a veces le demos la espalda.
No es un mago que cumple deseos, ni es un juez
que castiga, no está encerrado en un nombre que lo conceptualiza……simplemente ES.
Cada uno aprende a su manera y cada uno debe
vivir cuanto debe experimentar por alguna razón…la mía fue de esta manera…y
mirando hacia atrás después de todo puedo decir que no me arrepiento porque aprendí a
mi manera.
Bueno, ya se fueron algunas de mis amistades
blogueras de vacación a conversar con el sol por el verano....ahora me toca a mí ….asi
que me voy de vacación…les deseo una hermosa navidad y un feliz año nuevo…que
la paz verdadera del amor de Dios llegue a cada uno de sus hogares…
Nos vemos cuando regrese :)
