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sábado, noviembre 15, 2014

Recordando a Dios



Fue hace mucho atrás, casi recién llegando a Indonesia…me encontraba sentada en un piso de piedra negra frio. Con las piernas cruzadas, mis manos seguían paso a paso el ritual conjunto para abrir los “chacras”. Estaba con un grupo de creyentes hindú en un templo en Bandung, a nuestro ritual de movimiento sincronizado de las manos le acompañaba el canto de mantras en sanscrito.

Tenía arroz crudo pegado en las cienes que me había sido colocado por el “gran gurú” del lugar. Un simpático anciano de larga túnica y pañuelo en la cabeza blancos. Lanzábamos flores como parte de nuestro ritual y estas parecían llover simpáticamente como una sutil danza con los finos humos emitidos por los inciensos que cada participante colocaba frente suyo. 

Comenzaba a atardecer, el cielo comenzaba a pintarse de rojo y anaranjado. Dos guardianes de piedra se encontraban a la puerta de aquel templo clásico balines. Los guardianes eran dos estatuas de leones de dientes afilados y  faldas color negro y blanco.

Creí que me encontraba lo suficientemente concentrada cuando de pronto un sonido hiso que abriera mis ojos bruscamente. Eran los repliques de las campanas de una iglesia…uno tras otro casi como si me llamaran. Era domingo y las campanas llamaban a misa; en cada replique mis movimientos de pronto se paraban, me aturdían…hacían que perdiera la concentración…

Mis ojos se dirigieron a la torre frente mío, sin darme cuenta cada movimiento del ritual que estaba realizando, cada parte del templo, cada estatua, flor e incienso se convertían en verdugos que me gritaban: “traicionera!”…

Comencé a preguntarme si estaba haciendo lo correcto…Me preguntaba si en realidad estaba acercándome o alejándome de Dios…¿es que acaso traicionaba los muchos años de dedicación católica de mis padres, profesores y monjas de la escuela donde estudie?....¿Acaso estaba en el camino correcto?...Comencé a preguntarme si acaso existía “un camino”...Y comencé a dudar, de pronto mis movimientos se detenían y mi mente siguió cuestionando…¿es que acaso debería abandonarlo todo? …¿y qué pasa si nada de esto era lo correcto?...nada, nada…nada…
Agobiada por el “pecado” de mi traición, desesperada me pare bruscamente y salí corriendo del templo como si fuera una fugitiva, cruce la calle angosta y me dirigí corriendo a la iglesia de las campanadas. Entre rápidamente pidiendo perdón y me arrodille en el altar aun agitada para rezar por perdón y misericordia.

De pronto la risa de un niño interrumpió mis oraciones, abrí los ojos y me di cuenta que el niño me apuntaba aunque su madre intentaba callarlo…me di cuenta como la historia del rey desnudo que aun llevaba las túnicas hindús y el arroz en las cienes mientras todo el resto de personas vestían sus mejores galas como lo hacen los católicos en Indonesia, también que había interrumpido la misa para arrodillarme en el altar bruscamente….todos murmuraban…

Por primera vez en mi vida me di cuenta que hasta el momento había corrido en mi vida sin pararme a pensar, sin detenerme por un segundo a pensar si actuaba automáticamente o no. Quizás la vida se reía de mi.

En un mundo tan pequeño pareciera que los humanos hiciéramos cosas diferentes según nuestra cultura, circunstancia o credo religioso pero la verdad al final somos tan iguales…amamos, formamos familias, procreamos, construimos, somos ambiciosos, sufrimos, lloramos y finalmente morimos bajo un rito o sin él, con gente a nuestro alrededor o solos en un campo de batalla…..

Recibimos información de todo lado, de los que nos aman cuando somos niños, de nuestro ambiente, de los credos religiosos, de los que nos enseñan ritos, teologías y caminos de salvación, de los amigos, de la sociedad….escuchamos tanto de fuera que olvidamos escuchar de adentro…olvidamos preguntarnos, corriendo por la vida de un templo al otro, de un problema al otro, de una circunstancia a la otra, de un trabajo al otro, ni por un momento nos paramos como si detuviéramos el tiempo…para comenzar a vivir…

Y aunque creemos que solo somos animales racionales, ambiciosos e imperfectos, olvidamos por un momento que somos más  de lo que asumimos; y que este mundo y el universo es mucho más de lo que aparenta…y que la “realidad” puede ser cuestionada.

La verdad es que lo olvidamos porque nos confundimos, crecemos en miedos, pensando que solo cuanto nos cuentan o vemos es real. Si nos hieren acabamos desconfiando de todos y crecemos atemorizados siguiendo un sistema rígido impuesto por años, corriendo  de un placer temporal al otro, corriendo de una pena a la otra, creyendo que sabemos quiénes somos…pero somos más que eso.

Con el tiempo descubrí que no era la religión hindú ni la católica ni ninguna otra la que definitivamente me acercaría a Dios, eran solo herramientas pero que debía conocerlas, al conocerlas profundamente podría entender la filosofía de vida y de cada forma de ver a Dios, algo me movía internamente a seguir indagando en ellas y en cada lección aprendí a cuestionarme….después de un tiempo aprendí que  Dios está en todo, su amor es tan fuerte y generoso que pareciera que escuchara cada pregunta, cada lamento…cada duda….aunque a veces le demos la espalda.

No es un mago que cumple deseos, ni es un juez que castiga, no está encerrado en un nombre que lo conceptualiza……simplemente ES.

Cada uno aprende a su manera y cada uno debe vivir cuanto debe experimentar por alguna razón…la mía fue de esta manera…y mirando hacia atrás después de todo puedo decir que no me arrepiento porque aprendí a mi manera.

Bueno, ya se fueron algunas de mis amistades blogueras de vacación a conversar con el sol por el verano....ahora me toca a mí ….asi que me voy de vacación…les deseo una hermosa navidad y un feliz año nuevo…que la paz verdadera del amor de Dios llegue a cada uno de sus hogares…

Nos vemos cuando regrese :)