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lunes, mayo 28, 2007

Las dualidades en la vida


Esta historia me parecio oportuna para mi proximo articulo, disfrutala!:

"Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte: - Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantesposibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarmeen momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederosde mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de maneraque quepa debajo del diamante del anillo. Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escritograndes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras quele pudieran ayudar en momentos de desesperación total... Pensaron, buscaron ensus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre.La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo tratabacomo si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano,de modo que también lo consultó. Y éste le dijo: -No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durantemi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasiónme encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio.Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje -el ancianolo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas-le dijo- manténlo escondido en el anillo. Abrelo sólo cuando todo lo demás hayafracasado, cuando no encuentres salida a la situación- Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino.Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían.Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el caminose acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle;caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba elcamino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir haciadelante y no había ningún otro camino... De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró unpequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía "ESTO TAMBIEN PASARA". Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él un gran silencio.Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debíanhaberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escucharel trote de los caballos. El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido.Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerloen el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entrabade nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes...y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo: -Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje. -¿Qué quieres decir? -preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebrami vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida. -Escucha -dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas;también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado;también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres elúltimo; también es para cuando eres el primero. El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y nuevamentesintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebrabay bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminarde comprender el mensaje. Se había iluminado. Entonces el anciano le dijo:-Recuerda que todo pasa".



Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, o las estaciones, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptaloscomo parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma delas cosas.

sábado, mayo 19, 2007

Homenaje a mi madre


Aun recuerdo a Suzan, una amiga estadounidense que trabajaba como enfermera en un centro educativo internacional de Bandung, Indonesia. Pese a nuestra diferencia de edades mantuvimos por un buen tiempo una gran amistad. Ella y otras amigas formaban parte de un grupo que se reunía en algún café de la ciudad para charlar. Un día, Suzan, me invito a un almuerzo y celebración en su centro educativo, a decir la verdad le costo un poco convencerme pues no tenia muchos deseos de acompañarla, mas que todo porque se trataba de una presentación de “modas infantiles”, la idea de ver niños desfilando diferentes ropas en el clásico desorden que esto inculcaba me ponía nerviosa. Pero por tratarse de una buena amiga acabe aceptando la invitación. Cuando llegue al Centro, como era de esperarse, mesas redondas adornadas de manteles coloridos y un pequeño payaso de papel al centro nos esperaban. Varios niños lloraban, otros reían, al frente de las mesas se advertía la pasarela por la que los niños desfilarían mostrando las diferentes vestimentas, todo esto auspiciado y organizado por marcas de ropas infantiles cuyos logos adornaban el salón.
Bueno, todo seguía su rumbo hasta el momento en que se dio un pequeño lapso al evento para presentar una de las profesoras, quien cantaría una canción. La canción detuvo mi charla por un momento y llamo toda mi atención pues se trataba de la canción favorita de mi mama, “Over the Rainbow” de un clásico del cine “El Mago de Oz”. Mientras la profesora de figura delgada y un rostro tierno cantaba, me puse a observar a los niños, las madres mostraban orgullo, sonreían y felicitaban los pasos de sus niños por las pasarelas, no importando cuan torpes estos fueran. Las madres les arreglaban las vestimentas, el cabello y abrazaban a sus hijos.
Volví a dirigir mi mirada a la talentosa profesora de cabellera rubia y ojos verdes, recordé mi madre con su canción, recordé sus caricias, su apoyo, su manera tan positiva y optimista de pensar, recordé como jugábamos a ponerle forma a las nubes blancas cuando era niña dejando correr a mi imaginación, mi corazón recibió una punzada, pues nada material podría ponerla en ese instante a mi lado y fue en ese preciso momento que decidí que debía verla, debía parar todo cuanto estaba haciendo, pues nada se compararía a poderla abrazar y compartir nuevamente con ella, el tiempo es el peor enemigo y muchas personas no se dan cuenta de ello, guardan rencores, alargan discusiones y olvidan que el preciso momento, el presente y la alegría de poder decirle “Gracias” y” te amo” a la madre no tienen precio.
Al día siguiente me ocupe de reservar un pasaje, informar en mi trabajo mi decisión, arreglar algunas cosas y contenta me dirigí a la casa de mi amiga Suzan para darle la buena nueva. Suzan me recibió como siempre sonriente y casi pacífica, escucho mi buena nueva con una sonrisa, me felicito por mi decisión pero su triste mirada y su silencio me empujo a preguntarle que pasaba? me contesto que ella también tendría que ir a Estados Unidos, pero lo mas pronto posible, que le preocupaba poder encontrar un pasaje lo mas rápido posible, de hecho ella estaba de salida, luego de una pausa me dijo que su hijo se iría a la guerra en Irak.
Yo no tenia palabras, solo una caricia y un abrazo, quizás las personas sabemos cuando una caricia hace mucho más que mil palabras, cuando sabemos que tenemos una mano amiga, con la que se puede contar en toda ocasión. En aquel momento admire a Suzan, su estabilidad emocional y su madurez para enfrentar los problemas. Aquel día me costo manejar, mientras recorría la gran autopista que conecta la ciudad con mi barrio en otra pequeña ciudad me puse a pensar en la alegría que mi madre tendría al verme, la alegría que yo le daría por verme viva, quizás no le importaría tanto mis éxitos profesionales como yo pensaba sino el solo hecho de verme seria ya una alegría, también me dio pena pensar en las lagrimas que quizás le cause sin saberlo, en sus desvelos por mi causa, en mis errores y pasadas enfermedades, y en aquel momento, mas que nunca, reforcé mi decisión de partir.